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Los miles de peregrinos que acudieron fueron el ramo de flores que el Papa ofreció a la Virgen

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REFLEXIONES EN FRONTERA, jesuita Guillermo Ortiz

El Pueblo fiel de Dios es infalible en el modo de creer

No es dogma de fe. Es una de las devociones grandes a la Madre de Dios, lo que vimos el 12 y 13 de mayo en Fátima. El catecismo dice que el Papa es infalible en lo que hay que creer y obrar; es decir, en todo lo que es la fe y la moral católica. Pero también el catecismo habla de la infalibilidad del Pueblo fiel de Dios en “el modo de creer”, es decir, en el modo de expresar la fe. Y la devoción a la Virgen a Fátima y a los santos pastorcitos Francisco y Jacinto, con la oración del santo rosario, que la Virgen pidió insistentemente rezar en esos tiempos de guerra, manifestaron esto que se llama también “sensus fidei” -el sentir del Pueblo fiel-, de un modo bellísimo, en esa vigilia donde los peregrinos hicieron arder la noche con los miles de velas encendidas, que subían más alto en el momento de la oración de adoración a Dios.

Fátima es un signo de Dios que mira a los pobres

Fátima es un signo visible del amor de Dios que, a través de su Madre santa, nos pide que no nos olvidemos de rezar y que la tenemos a María como intercesora. Es un signo particular de Dios con sus pobres, como aparece en el mismo Evangelio, con Jesús siempre entre los pobres y enfermos en las periferias existenciales. La Virgen Madre en Fátima elige a Francisco, Jacinta y Lucia, tres pastorcitos pobres y analfabetos para ofrecernos la ternura del amor de Dios y animarnos a llevar a sus pies nuestra pobreza, nuestra miseria y nuestros pecados. Esa pobreza que nos hace preciosos a los ojos de Dios “con una dignidad que nadie nos puede quitar” como dice Francisco. @jesuitaGuillo


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