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La paz con las FARC está consolidada. El padre Francisco de Roux, SJ

Sistema de Información del Vaticano

De nuestra enviada a Colombia, Griselda Mutual

"Lo que el Papa avance en relación al perdón cristiano es muy importante, porque el perdón cristiano se coloca más allá de la reconciliación". Padre De Roux SJ

(RV).- La preparación de la visita del Papa Francisco es muy cauta para no exacerbar las profundas discrepancias en la sociedad. No hay un liderazgo que prevea un futuro sino que es necesaria la esperanza, y el Papa la puede dar con su mensaje de fraternidad  y de confianza, de los unos hacia los otros. Por lo tanto “lo que el Papa avance en la dimensión del perdón cristiano es de gran importancia porque éste último se coloca más allá de la reconciliación”. Son las líneas generales de la entrevista realizada al padre jesuita Francisco de Roux, sacerdote colombiano, facilitador de paz en su país, que trabaja en articulación con el Centro de Investigación y Educación Popular (CINEP), quien llegara a ofrecer su libertad en cambio de la de un ex congresista colombiano, en el ámbito de la guerrilla con las Fuerzas Armadas Revolucionarias.

El padre De Roux realiza un examen profundo y extremamente claro de la situación colombiana actual, y de la incidencia de la visita del Santo Padre Francisco para la reconstrucción de la paz y del tejido social del país. 

El Papa Francisco llega a Colombia en plena implementación del proceso de paz, para dar un mensaje de esperanza pero también un aliento para dar el primer paso: el primer paso al perdón, el primer paso hacia la reconciliación, ¿cuán pertinente es la visita del Papa en este momento de “post acuerdo” de paz en Colombia?

La visita del Papa es inmensamente pertinente y muy oportuna en el momento que está viviendo en Colombia. En realidad se ha creado muchísima expectativa. En un principio, en algunos sectores que justamente se oponen al proceso de paz, se manifestaron prevenciones e incluso hostilidades,  sectores minoritarios. Pero con el correr de los días lo que hemos sentido en Colombia es que  la confianza y el entusiasmo por lo que significa tener al Papa Francisco y en general por lo que significa tener una vez más la visita del Pontífice. La necesidad de esta visita es muy grande porque el país vive fracturas muy profundas, dado que acabamos de terminar el proceso con las FARC y todavía hay muchas preguntas sobre lo que ha de ser el futuro, y muchas víctimas esperan que el Papa les traiga el consuelo y la posibilidad de saber que hacia delante será posible profundizar la convivencia, y acabar con la violencia entre nosotros en Colombia.

Como usted dice, la sociedad está viviendo una ruptura tras sesenta años de guerras internas, de conflictos armados. Hay una discrepancia y una rotura en la sociedad civil,  ¿nos puede dar un pantallazo de lo que se está viviendo en las diversas regiones?

Es una pregunta muy importante. Las rupturas que hay en la sociedad colombiana tienen que ver con las regiones y con la historia. Sobre esto quisiera hacer claridad: en estos momentos de la llegada del Papa el problema no es  la disputa con las FARC y proceso específico que se llevó a cabo con ellas, ese proceso ha terminado. La FARC ya se constituyó como partido político y se entregaron las armas. Los que hemos seguido de cerca las FARC sabemos que en lo masivo del grupo y en su dirigencia hay una decisión irreversible en la condición total de no volver a la guerra. Allí no está el problema. Por supuesto hay una serie compleja de dificultades para poner en marcha los acuerdos, pero la paz con las FARC está consolidada.

El problema de fondo es el problema de la ruptura entre los colombianos que es muy pero muy profunda, y tiene por supuesto diferencias regionales, en un país que tiene muchas culturas regionales y muchas sensibilidades regionales diversas, que divide muy en profundidad este país. El tema de la paz, el tema de lo que será el futuro inmediato con las elecciones que vienen, y en algún momento incluso el tema de la venida del Papa, quedó metido en esta enorme ruptura que hace que, si se toman los temas en la mesa de conversación de las familias, en las conversaciones de amigos, en las conversaciones empresariales, inmediatamente  las confrontaciones pueden llegar a niveles bárbaros: las familias se dividen, los amigos se acaban, las empresas familiares se rompen. El Papa con su capacidad de liderazgo, que está más allá de todas estas cosas,  puede traer un mensaje que permita que superemos estas realidades.

Para explicarlo en una forma que sea comprensible, estoy seguro que estamos viviendo un momento hondo de trauma social – tal como se define en la sociología – y me explico: el trauma se produce porque el país en muchas regiones y por todos lados ha sido golpeado por la barbarie de la guerra. Hay mucho dolor y mucha rabia, hay muchas memorias impresionantes. Ese golpe cambió a Colombia. Colombia es otra después de la guerra vivida, lo que se une también a lo que fueron los tiempos de la violencia en los años cincuenta, y esto está en el fondo del terror en Colombia. Pero eso no es lo que produce el trauma. Lo que produce el trauma son los relatos que sobre ese golpe terrible se hicieron. Los relatos que son manejados por los grupos que tienen el poder de controlar la opinión pública, de manejar el sentido de la sociedad. Son relatos muy fuertes y  muy contradictorios. Relatos que también son manejados por los grupos armados que tenían que constreñir a la gente a pensar de una manera y no de otra. Esos relatos son muy duros, y son los que destruyen el tejido social y rompen la posibilidad de que nosotros vivamos en una comunidad nacional con un sentido de “nosotros”, “nosotros los colombianos”, porque se trata de relatos muy excluyentes y extremadamente duros, en los que el otro no tiene lugar y no se le puede recibir.

Lo bello de la venida del Papa es que puede ayudarnos a superar esto y a colocarnos en la comprensión de que aquí tenemos que ser hermanos unos y otros. Unidos por Dios, para hablar en términos del Papa, en la belleza de este territorio con un destino común para construir juntos una nación. Es sobre todo en ese sentido que muchos esperaríamos que con sus palabras, con sus gestos, con sus expresiones simbólicas, que son tan elocuentes, nos ayude a captar ese “nosotros” que hemos perdido.

¿Cuál es la importancia de la dimensión del perdón en este proceso de diálogo, de comprensión y de escucha al otro, en este momento tan difícil pero también “esperanzador” en la historia de Colombia?

Me parece muy importante la pregunta porque nosotros, en alguna forma, en el proceso con las FARC en la Habana lo que tuvimos fue un sendero o un proceso de reconciliación política, en que las FARC pedían unas cosas y se les concedían otras, siempre y cuando ellos además entregaran otras. Por ejemplo, ellos decían: “pedimos que se nos deje participar en política” y el Estado decía: “sí,  es posible, pero ustedes tienen que dejar las armas”. Las FARC pedían: “pero nosotros no queremos ir a la cárcel”, y entonces el Estado decía: “sí,  pero si se someten a una justicia especial en la que tienen que decir la verdad y restaurar las víctimas”. Así se fueron haciendo ajustes de una “conciliación”, que produce lo en latín se llama un quid pro quo, es decir algo por algo: ustedes entregan estas cosas y nosotros concedemos esto, pero exigimos esto otro. Es un proceso en que simplemente se busca “parar” la guerra.

Ahora hemos entrado en un proceso mucho más complejo, podemos hablar de ya eso, de la construcción de la paz. En Colombia es absolutamente necesario el perdón. En muchos procesos de paz en el mundo ha bastado que haya un proceso de conciliación y de reconciliación política: aquí no. Aquí los odios son muy profundos, como los apetitos de venganza, es decir, las exigencias del “ojo por ojo”. Una señora después de que tuvo a su marido secuestrado por cinco años, a quien posteriormente mataron, me decía: “mientras  que a esos … de las FARC no los hagan sufrir lo mismo que ellos me hicieron sufrir a mí y a mi familia,  yo no acepto nada con ellos y no les perdono”. Es en ese contexto en que el perdón cristiano en Colombia toma un papel muy importante.

Podría ser solamente el perdón cívico, que es el perdón civil. La virtud civil del perdón es para que podamos tener futuro, depongamos el odio y el apetito de venganza. Eso nos va a curar, nos va a sanear de una verdadera enfermedad social; es sano para el país y para cada persona individual deponer los odios: ése es el perdón cívico.

Pero creo que el Papa puede hablar muy claramente a Colombia desde el perdón cristiano, porque las tradiciones cristianas en Colombia son profundísimas, al igual que en México. En eso nos parecemos a México, a España, a Polonia, a Italia. Y aquí la vibración por la tradición cristiana es muy honda.

Ahora, como todos sabemos, el perdón cristiano se basa en que todos y todas hemos sido perdonados por Dios, Él nos ha regalado el perdón gratuitamente incluso antes de que nosotros se lo pidiéramos. Sabe que hemos fallado muchas veces y que vamos a volver a fallar, y sin embargo, nos perdona. Y éste es un país en el que todos tenemos las manos sucias, y  quiero ser muy claro: todos somos responsables de lo que ha pasado en Colombia. Son responsables los políticos, los presidentes de la República, los miembros del congreso, los miembros de la Iglesia. Son responsables las escuelas, son responsables los empresarios, los campesinos. Todos somos responsables de lo que ha pasado, por lo que hemos hecho y por lo que hemos dejado de hacer. Creo que – sobre todo para nosotros que tenemos una responsabilidad religiosa – el pecado de omisión es una realidad. Y el pecado de omisión es el que Jesús más fustiga en la parábola del juicio final «váyanse ustedes malditos al fuego eterno porque tuve hambre y no me disteis de comer; tuve sed y no me disteis de beber; era peregrino y no acogisteis; estaba desnudo y no me vestisteis, enfermo y en la cárcel y no me visitasteis» (Mt 25, 34-36).

Nosotros hemos tenido muchas omisiones y necesitamos perdonar y ser perdonados. Es así como los elementos del perdón cristiano, aquí caben muy profundamente y el Papa lo sabe.

Perdón, es importante repetirlo, no significa que olvidamos lo que pasó. Al contrario, significa que vamos a mantener la memoria viva de las cosas espantosas que ocurrieron justamente para que jamás vuelvan a ocurrir y para comprender que asumimos las responsabilidades de las cosas que sucedieron.

Perdón no significa dejar sin reparar a las víctimas. Al contrario,  implica una decisión muy grande de sanear los dolores no solamente moralmente si no también materialmente.

Perdón no significa que no haya justicia: por eso se hace la justicia especial para la paz en la que los victimarios, como parte de la sentencia tienen que trabajar en la reparación de las personas que sufrieron por culpa de ellos.

Lo que perdón significa y es en lo que el Papa nos tiene que ayudar, es que nos decidimos a deponer los apetitos de venganza, desterramos del corazón los odios, y la necesidad de hacer sufrir al otro en la medida en que nos hizo sufrir , el ojo por ojo diente por diente.

Significa cosas muy hondas que nosotros necesitamos en Colombia: recibir a la persona que nos hizo mal y decirle que estamos dispuestos a nunca hacerles mal, ni a los paramilitares, ni a los de las FARC, ni a los políticos que nos hicieron mal, y esto porque estamos dispuestos a perdonarles.  Decirles que estamos dispuestos a acogerles en nuestra sociedad, y que ellos pueden sacar adelante sus proyectos entre nosotros. Y ya, más a fondo, saltando a lo cristiano, a lo que nosotros hacemos en el perdón cristiano, decirles que estamos dispuestos a ser amigos de ellos, que vamos construir la caridad y a poner el amor por encima de todas las cosas y, finalmente, a apostarlo todo, como lo hace Jesús en la cruz, como cuando estaba ante sus victimarios, cuando hubiera podido hacer el gran discurso contra los perpetradores de los crímenes, contra los grandes torturadores, y, sin embargo, Jesús solamente delante de ellos dice: «Padre, Dios misericordioso, perdónales porque no saben lo que hacen».

Eso es lo que esperamos del Papa y es un mensaje en lo que nos puede ayudar muchísimo en un momento que Colombia necesita que se hagan actos de perdón.

Quiero decirles que eso viene ocurriendo. Hemos visto a las FARC pidiendo perdón en Bojayá, y terminar diciendo después de esa masacre en la que murieron 73 personas por una bomba de las FARC: “hemos llegados aquí para reconocer que somos responsables y a pedir perdón. Ojalá algún día ustedes nos perdonen”.

Les oímos decir lo mismo de la iglesia de San Francisco en Cali; a familias de los diputados del Valle del Cauca que fueron asesinados por ellos; hemos visto cómo el comandante de las FARC ha dicho “nosotros los matamos nosotros los teníamos en nuestras manos, nosotros los matamos somos responsables y pedimos perdón”.

Los hemos visto pedir perdón a las 193 víctimas del fuerte Nogal y 33 muertos, en donde llegaron para decir “nosotros aceptamos la plena responsabilidad como Secretariado Ejecutivo de las FARC, nosotros lo hicimos y aceptamos no sólo la responsabilidad de hacer reparación moral, sino de hacer reparación material”.

Éstos actos tienen que multiplicarse en Colombia y pasar por todas partes en el país, y supone realmente una conversión del país. Por eso la venida del Papa tiene que estar acompañada de mucha oración para que lleguemos en la sinceridad del corazón a transformarlo nosotros a una verdadera “metanoia”, se dice en griego, es decir una transformación interior profunda.

En la reconstrucción de este tejido social cabe destacar la importancia del diálogo y de la comunicación: saber “comunicar” el perdón. ¿Cuál es el rol que desempeña la Iglesia Católica en ese sentido y cuál es la responsabilidad social de los medios de comunicación en general?

Mi sentir es que la Iglesia en ese punto ha sido muy clara, no sólo porque tiene muy claro lo que significa el perdón profundo en la forma en que el Evangelio lo hace, sino también por la práctica misma de la Iglesia en todas partes. Con todo quisiera hacer una pequeña anotación que me parece importante y que esperaría también del Papa: la Iglesia, como toda la sociedad colombiana, ha quedado atrapada en estos relatos que nos hieren tan profundamente y que se han convertido en causas políticas que ahora preparan las próximas elecciones.

Y quiero llamar la atención porque la Paz -el Papa nos trae un mensaje de paz y de perdón- la paz, el perdón, la verdad y la justicia son valores del Evangelio y también valores sociales y morales para todo el mundo; y los valores son el campo de las cosas por las cuales luchamos gratuitamente: uno da la vida gratis por la justicia y no espera que alguien le pague por eso. Uno da la vida por la verdad, y no espera ni premios ni recompensas. Uno da la vida por la paz, y no espera que le den premios ni fotos, ni nada. Sino que si no, no podemos vivir,  nuestra vida humana no tiene sentido. Pero estas cosas por las que luchamos gratuitamente cuando se vuelven política, y cuando nos metemos y permitimos que la paz se convierta en política, hace que las cosas se confundan, porque en política no hay nada gratis: todo lo que usted gana yo lo pierdo y yo no le puedo dejar ganar nada.

Por eso necesitamos sacar la paz de la política en Colombia y mostrar que es un ideal profundo y querido por Dios: es el mensaje de Jesús en la Resurrección «la paz sea con ustedes». Esperamos que el Papa nos ayude en esto, y ésta es la paz que está vinculada con el perdón.

Respecto a los medios de comunicación, desafortunadamente los medios han caído atrapados en estos relatos que son relatos excluyentes en Colombia, si bien hay excepciones. Desafortunadamente como todos estamos metidos en este trauma, incluso yo, que les estoy hablando como colombiano, es tan importante la intervención de una persona externa como el Papa. Nosotros todos estamos en el trauma y difícilmente podemos hablar, pronunciarnos, hacer actividades públicas, incluso dentro del mundo religioso, sin que se nos mezcle de una u otra forma el trauma que llevamos por dentro, y entonces suscitamos aversiones, rupturas. Hemos visto por ejemplo la televisión aprovechando imágenes de archivo después de dar una noticia sobre la paz, para inmediatamente suscitar la desconfianza o el odio sobre los que están pretendiendo hacer la paz, con la invitación a que nadie crea. Esto ha sido muy común en todo este tiempo, y yo también esperaría que todo esto nos ayude a cambiar entre nosotros y a ponernos en otra perspectiva, en la de que tenemos que construir el nosotros, y esperamos que el  Papa nos ayude a ponernos en marcha con lo que hemos llamado “el primer paso”.

El pueblo colombiano tiene una característica de fe y de acogida que podemos verlo en lo que está sucediendo con los desplazados de Venezuela. ¿Cuál es la situación en relación a los migrantes que están llegando desde ese hermano país?

El pueblo colombiano justamente, porque ha sufrido tanto, inmediatamente se llena de compasión por los que sufren. Las víctimas son las únicas que nos ayudan a salir de nuestras polarizaciones,  porque saben de lo que somos capaces los seres humanos. Por eso hoy en día hay una gran compasión por lo que pasa en Venezuela y una gran sensibilidad.

Aquí en Medellín nos llenamos de deseo de ayudar y de compasión, cuando uno encuentra migrantes en la calle vendiendo arepas venezolanas a la hora del desayuno, que es la forma en que se están procurando un modo de vivir. En general el país está profundamente abierto. Tenemos más de medio millón de venezolanos entrados en los últimos meses, y seguramente llegaran más. Por supuesto que también hay polémicas y no faltan políticos que, para ganar en este momento reconocimiento, protestan. Incluso hay alguno pidiendo cerrar las fronteras, lo que no es el sentir de la mayoría de la inmensa mayoría de Colombia, que sabe que el pueblo venezolano está sufriendo y quiere acompañarlo.

Si esperaríamos, a mí me parece importante, posiblemente no públicamente, pero sí sentimos que todo lo que pueda hacer el Papa y hasta donde pueda ir mas allá para contribuir a la solución del caso venezolano “se dé”, porque Venezuela también es un país católico y no le va a poner atención a los Estados Unidos ni a la OEA, pero sí al Papa.

Es una situación que agrava las cosas en Colombia, no solo porque hace difícil el proceso de paz colombiano,  en particular aquel con el Ejército de Liberación Nacional que tiene sus hombres allá, sino que también complica la situación social en Colombia, tensa la frontera y puede llevarnos a que se produzcan desgracias muy grandes si se consolidan coaliciones internacionales con las que, por causa de estas dinámicas perversas que no podemos controlar, los seres humanos puedan “incendiar” ese territorio. Hay tiempo para actuar, y una palabra y las gestiones diplomáticas, que seguramente el Papa  ya está haciendo, y todo lo que ponga el Santo Padre en este momento, es crucial para el futuro de los dos países.

A partir de Venezuela y del contexto Latinoamericano en general, por una parte ¿cómo influirá el acuerdo de paz en el continente? Y por la otra, ¿en punto se encuentra el diálogo con el ELN? ¿Representa un riesgo para la Paz o es un actor independiente a este proceso?

Es evidente que el proceso de paz de Colombia tiene muchos efectos en el continente, porque la falta de estabilidad en Colombia es una cosa muy curiosa: Colombia ha mantenido un crecimiento más o menos estable en orden del 4.5 anual durante los 50 años de guerra, incluso durante la crisis del año 2008, 2009 y 2010 en el mundo. Es decir, es una economía fuerte, estable, y sin embargo ha tenido este problema durísimo de los 8 millones de víctimas que ha detenido muchas inversiones en Colombia, y que ha hecho sin embargo la realidad de un proceso social y económico tallado de dolor en una forma descomunal. La transformación de ese dolor en Colombia y la consolidación de una democracia abierta y la posibilidad de enfrentar los problemas que nunca resolvimos, como la inequidad social, la corrupción,  la destrucción del medio ambiente, nos hermana mucho con el resto del continente que está luchando por estos propósitos en los que nosotros no habíamos podido participar con vigor, porque estábamos ocupados en la guerra.

Con respecto a Venezuela y el Ejército de Liberación Nacional, lo que ocurre es que los comandantes importantes del ELN están en Venezuela y el ELN es importante en algunas regiones de Venezuela. Mientras la inestabilidad continúe en Venezuela, mi sentir – puedo estar equivocado y es una opinión personal – , es  que el Ejército de Liberación Nacional encontrará un espacio político que le es propicio, y que le permite mantenerse allá. Si bien es cierto que esto es una rebelión sobre Colombia, no son completamente aliados con el gobierno de maduro. No sé si el gobierno de Maduro es aliado de ellos, pero creo que sin el apoyo venezolano no hubieran podido mantenerse en el territorio venezolano, y las circunstancias serían muy distintas. De ahí la importancia que se resuelva el problema de Venezuela para que se resuelva el problema de Colombia con el ELN.

El Ejército de Liberación Nacional es una guerrilla mucho más pequeña que las FARC   – puede tener en este momento unos 1500, 1800 hombres en armas – y tienen un apoyo social muy fuerte que puede llegar a las 250.000 personas, que no es armado, es decir, que no está en la guerra propiamente dicha, pero que constituye comunidades que participan en su ideología política, siendo de alguna forma partidaria de que estas comunidades tengan una retaguardia armada que los apoye. Lo que quiero decir es que el Ejército de Liberación Nacional tiene mucha influencia política. Es una influencia parcial, en números posiblemente no es muy grande para un país de casi 50 millones de habitantes, pero es significativo.

¿Cuánto tiene que ver el narcotráfico en esto?

El narcotráfico está en el corazón de las rupturas y de las violencias colombianas y ha sido el foco de alimentación y si se quiere, el eje. La producción de la coca ha estado en la base de la consecución de los recursos tanto para el paramilitarismo colombiano, que sido un paramilitarismo absolutamente narcotraficante, como en la consecución de recursos por parte de la insurgencia para mantenerse en armas ante el Estado colombiano,  y por eso cuesta descentrar la solución de la coca en el acuerdo con las FARC, que es el tercer punto del acuerdo y sobre el que estamos con la esperanza de que pueda a ir muy lejos. Pero hoy en día, comandantes locales del ELN continúan vinculados. No son “carteles del narcotráfico”, pero sí están vinculados a las ganancias que producen las siembras y el transporte de la coca y lo mismo de la minería legal. Por supuesto si el ELN mantiene la guerra será un atractivo para que muchachos desilusionados en el proceso de las FARC que ven que el gobierno no les cumple o no les asegura un futuro claro inmediatamente, pues vayan hacia allá y se vuelva levantar un movimiento guerrillero que en el fondo pues, fortalezca el que el ELN lleva consigo.

Por eso tenemos tantas expectativas con lo que está pasando en Quito y por eso también esperaríamos a que el Papa nos ayude a que el proceso hacia el cese al fuego bilateral y la suspensión de las hostilidades a la población civil se logre consolidar en Quito. El ELN tiene muchísimo respeto al Papa y en general a la Iglesia, pues tiene la historia del padre Camilo Torres y de otros cinco sacerdotes que participaron en sus filas. Y particularmente a Francisco le tienen muchísimo respeto y profundísima credibilidad. Creo que una palabra del Papa al ELN puede tener un efecto muy hondo en sus hombres. El ELN tiene mucha gente inteligente. Necesitamos que dejen las armas y que esos ideales que tienen de justicia social vengan a hacerlos en Colombia con tranquilidad en la lucha política dentro de una democracia que necesita también posiciones, una izquierda seria democrática dispuesta a transformar este país, en donde quepan los pensamientos de todos, pero en donde se respete al ser humano y no nos matemos por política.

¿Un mensaje al pueblo colombiano?

Quisiera invitar a todos a que tengamos confianza en el futuro, no solamente porque nuestro pueblo,  como las víctimas nos lo han enseñado, tiene desde el fondo del dolor una determinación muy grande de salir adelante y de volver a creer los unos en los otros, y confianza en que este país que lo podemos hacer como un día lo soñaron los abuelos para que sea el país de los nietos. Pero que además tengamos confianza en que el Papa nos va a dar una fuerza nueva para que eso sea posible. Las cosas que han pasado, me refiero a el proceso de paz y al proceso que viene haciéndose con el ELN, lejos de llevarlos al pesimismo porque son dificultades serias las que hay que enfrentar para poder salir adelante, nos deben llenar de confianza en que somos capaces, y de que independientemente de quién quede como presidente en Colombia el año entrante, vamos a sacar adelante este país y vamos a tener un país en donde las armas desaparecieron definitivamente de la política y podemos construir lo que Dios puso en nuestras manos cuando nos juntó en nuestra comunidad de Colombia.

Griselda Mutual – Radio Vaticano

 


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